domingo, 5 de diciembre de 2010

Capítulo 45

Yo no creí que fuese real lo que me decía. Es mas fácil negar lo evidente, cerrarse a las respuestas y las realidades que nos rodean. Por más visible que sea algo, si no se desea saber de ello, no existe. Y así fue para mí. Claro está, hasta ese día.
Pero no aunque mi incredulidad estaba latente, poco a poco cedía, porque yo sabía que algo estaba sucediendo. Podía sentirlo, pero no verlo. Y cuando se presentó frente a mi, algo dentro mío se relajó, algo que no paraba de buscar una lógica.
Instintivamente, tomé mi bolso y me marché de ese húmedo refugio. Mientras caminaba bajo la lluvia, pensaba en regalar mi paraguas; debía de tener telarañas. Podía sentir como el agua correaba por mi espalda, agua fría sobre espalda caliente. Mi cerebro volaba por dentro y por fuera. Podía haberme atropellado más de un vehículo, pero como no era mi destino no sucedió.
¿Mi destino? ¿Cuál es mi destino? ¿Realmente existe éso? Otra vez mi incredulidad me arrebataba la respuesta a mis dudas.
Pensé muchas cosas juntas, muchas ideas apretadas, entremezcladas, aplastadas. Entre todo eso estaba Tomás. Era lógico que me había buscado, no fue el destino el que nos juntó. Se me paseaba por ahí la posibilidad de que haya sido todo una broma de Miguel: él podía haberle dado toda la información de mi vida personal, mis recuerdos, mis pensamientos más inquietantes. Pero rápidamente se esfumó esa idea. Tomás sabía algo que yo no le había dicho absolutamente a nadie. Tomás sabía del juramento.
Entonces las dudas se evaporaron.
Fue ahí cuando el escalofrío corrió por mi espalda.